Llámenos siUn cliente, un banco o su directorio le pide la huella de carbono o hídrica, o quiere reducir consumos de energía y agua.
La huella de carbono sirve para convertir una pregunta amplia —cuánto impacto climático genera una operación— en una cifra que pueda entenderse, revisarse y utilizarse para tomar decisiones. No se trata solamente de sumar consumos. Primero hay que entender cómo funciona la organización, qué actividades generan emisiones y qué información existe realmente en sus registros.
El trabajo comienza con la definición del alcance. Revisamos las fuentes de emisión que tienen sentido para la actividad, desde combustibles y consumo de electricidad hasta determinados desplazamientos, procesos y compras que puedan ser relevantes. La calidad del resultado depende mucho de esta etapa: una medición clara empieza por decidir con criterio qué se mide y por qué.
Después ordenamos la información disponible. Facturas, registros de combustible, datos de producción, compras y otros documentos se convierten en insumos comparables. Cuando falta información, identificamos los vacíos y establecemos supuestos razonables, procurando que cada decisión quede documentada para que la medición pueda explicarse y actualizarse en el futuro.
Con los datos ordenados se realiza el cálculo y se revisa su consistencia. Más que entregar un número aislado, buscamos que la organización pueda entender de dónde proviene ese resultado y qué factores tienen mayor peso. Esa lectura permite distinguir entre emisiones que pueden reducirse rápidamente y aquellas que requieren cambios de proceso o inversiones mayores.
La medición también puede convertirse en una herramienta de gestión. Si una empresa necesita responder a requerimientos de un cliente, participar en una cadena de suministro o preparar información para una entidad financiera, contar con una metodología ordenada facilita responder con seguridad. Y si el objetivo es reducir costos, el mismo análisis puede revelar oportunidades relacionadas con energía, combustible y eficiencia operativa.
Finalmente, dejamos una base que pueda mantenerse en el tiempo. La huella no debería ser un documento que se prepara una sola vez y luego queda archivado. La idea es que la organización sepa qué información conservar, cuándo actualizarla y cómo utilizar el resultado para comparar avances y priorizar las siguientes decisiones.
La huella hídrica sigue la misma lógica aplicada al agua: identificamos de dónde proviene la que utiliza la operación, cuánta se consume, cuánta se devuelve y en qué condiciones. El resultado permite reconocer los procesos con mayor demanda, sustentar el registro voluntario ante la Autoridad Nacional del Agua y priorizar medidas de uso eficiente con un criterio técnico y no solo intuitivo.